Cuando el cuerpo de una persona pierde demasiado líquido debido al ejercicio, la sudoración, la diarrea o el vómito o,
simplemente, por no beber suficiente agua, es posible que se deshidrate. Las probabilidades de deshidratación son mayores en
bebés y niños pequeños porque, entre otras cosas, una proporción mayor de sus cuerpos está compuesta por agua,
su metabolismo los hace utilizar más agua, y sus riñones no conservan tanta cantidad. ¿Debería preocuparle la posibilidad
de que su bebé se deshidrate? Definitivamente. La deshidratación severa, cuando no hay suficiente líquido para transportar
la sangre hasta los órganos, puede poner en riesgo la vida.
A los niños pequeños les encanta imitar a los adultos<sup>1</sup>; es por eso que los teléfonos celulares viejos y los de juguete con frecuencia tienen gran éxito para los pequeños. Pero, ¿a qué edad darle a su hijo un teléfono celular de verdad? Un experto de la Academia Americana de Pediatría dice que la edad más temprana es entre los 11 y 12 años. Los niños que ocupan su tiempo hablando, enviando y recibiendo mensajes de texto, y jugando o escuchando música con sus teléfonos celulares pueden pasar menos tiempo interactuando con otros niños y con la familia. Las investigaciones indican que también prestan menos atención al tránsito y al entorno físico, lo cual podría ponerlos en peligro.2
¿Tiene un hijo pequeño que no puede esperar para salir a jugar afuera en el frío o la nieve? Ayúdalo a sentirse cómodo, vístalo en capas de tal forma que pueda quitar y agregar capas de ropa a medida que tenga calor o frío. Elija telas que no sean de algodón, el algodón no abriga. La ropa térmica y de lana es una buena opción, y los pantalones y las botas a prueba de agua son ideales para la nieve. No olvide el sombrero; el calor corporal se puede escapar por la cabeza sin cubrir.