Carta de Linda Ciampa, enfermera matriculada

 

Estimados padres:

 

Nunca fui amante de los perros. Por eso, llevó mucho tiempo y persuasión para que finalmente accediera a que mi hijo, Will, tuviera la mascota de sus sueños - un Golden Retriever llamado Tucker. Di mi consentimiento y traje un canino a nuestras vidas por una razón – y una sola razón – para motivar a mi hijo de ocho años a levantarse del sofá y salir afuera.

 

Muchos padres luchan contra lo que nuestra familia ha pasado. De hecho, las estadísticas son alarmantes: los niños americanos sólo pasan afuera un promedio de cuatro a siete minutos al día. La mayor parte de su tiempo – cerca de ocho horas al día según un informe nacional – están frente a pantallas electrónicas, televisores, computadoras o diversos dispositivos portátiles. Considerando todo eso, no es de sorprender que los índices de obesidad de la niñez hayan aumentado vertiginosamente.

 

En un esfuerzo para que Will estuviera activo, dediqué incontables horas arreglando actividades deportivas, llevándole a clases de karate, lecciones de natación, juegos de basquetbol y prácticas de soccer. Aún así, a pesar de mis buenas intenciones y para mi gran pesar, mi hijo califica a la mayoría de estas actividades como “aburridas”.

 

Tucker era mi último recurso para hacer que Will saliera – sin una actividad deportiva o clase arreglada de antemano. Con un cachorro de seis meses de nacido no hay más debate sobre actividades forzadas. El perro mira a mi hijo y le señala que quiere salir – afuera al sol para retozar en el patio.

 

Sí, gran parte del tiempo, yo soy la que lanza la pelota para que Tucker la traiga o la que camina al perro mientras Will nos acompaña en su bicicleta. Pero, estamos saliendo juntos. Will es más activo de lo que jamás ha sido y Tucker es un cachorro feliz.

 

El ajuste a la vida con Tucker no ha sido una tarea fácil. Con el entrenamiento para hacer sus necesidades, las visitas al veterinario, las clases de obediencia (en realidad no prestaba atención) y las despertadas a las 5 de la mañana, he dedicado más tiempo y energía – y por supuesto dinero – de lo que jamás pensé posible.

 

Pero este nuevo bebé grande seguirá siendo parte de nuestra familia. Tucker ha ayudado a mi hijo sencillamente a salir y jugar. Me encanta ver a Will correr, lanzar palitos al arroyo y atraparlos con su nuevo perro.

 

Por la noche, estoy tan feliz de ver que la computadora y el televisor están apagados y que Will se contenta con sólo interactuar con su perro. Casi siempre Will le habla a Tucker en francés y no tengo idea de lo que está diciendo. Pero entiendo exactamente lo que está comunicando cuando besa y abraza la cabeza peluda del perro.

 

Ahora que finalmente ha llegado la primavera, les aliento a descubrir formas que motivarán a sus hijos a desconectar los aparatos electrónicos, salir y hacer lo que todos los jóvenes necesitan para crecer y desarrollarse sanamente; jugar – simple y libremente.

 

Cordiales saludos,

 

Linda Ciampa

 

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